Qué justifica una industrial
No es la velocidad, es la autonomÃa y el ciclo de trabajo. Admite rollos grandes, de modo que el operario no está cambiando consumible cada hora, y el cabezal está dimensionado para imprimir todo el turno sin degradarse. Una sobremesa forzada a ritmo industrial acaba costando más en cabezales de repuesto que la diferencia de precio inicial.
La resolución la impone la etiqueta más pequeña
203 dpi cubre logÃstica y expedición. 300 dpi cuando hay que meter mucha información en una etiqueta pequeña, con letra fina o 2D denso. 600 dpi es territorio de marcaje de componentes muy pequeños y laboratorio. Elegir más resolución de la necesaria ralentiza la impresión y encarece cada cabezal.
Cortador, dispensador y rebobinador
Se piden con la máquina y conviene decidirlo antes de comprar. Cortador cuando cada etiqueta va a un bulto distinto. Dispensador cuando el operario despega y pega a ritmo alto y quiere la etiqueta ya presentada. Rebobinador para recoger el soporte y que no acabe por el suelo. Añadirlos después es más caro y a veces implica servicio técnico.
La versión RFID
Las variantes RFID codifican el inlay además de imprimir la etiqueta. Solo tienen sentido si ya trabajas con RFID, y hay que verificar que el inlay concreto está soportado y correctamente posicionado. Conviene recordar además que el metal y los lÃquidos degradan la señal UHF: si vas a etiquetar producto metálico o envases con lÃquido, la elección de inlay importa tanto como la impresora.
Conectividad e integración
Ethernet de serie en la mayorÃa de configuraciones, con Wi-Fi y Bluetooth según referencia, y puertos serie y paralelo en algunas versiones para integrarse con maquinaria antigua de lÃnea. Ese detalle decide muchas compras en entorno industrial.
Cuéntanos el volumen y el tipo de etiqueta y te concretamos la configuración.